Tuesday, June 23, 2009

¡Y que me llamen intensa!



Los tiempos en Venezuela han cambiado. 10 años de revolución forzosa, por oposición al autoritarismo/ por temor al personalismo/ por la era que me tocó conocer, han dejado poco espacio para las crónicas en tercera persona y para las cartas. Cada día los hechos ceden menos espacios a otras disertaciones que no sean la vida política, las incidencias de las palabras en el colectivo, las repercusiones de las leyes sobre nuestras vidas, por eso, luego de mucho tiempo de llevar este espacio como un rincón en el que sentarse a comer flores y tomar té, este se ha remodelado naturalmente.

Recientemente puedo decir que soy periodista. Pero ese, como supongo sucede en muchos oficios, no se adquiere con el papel, ni con las entrevistas ni con las invitaciones a ruedas de prensa. Asaltan mil maneras para concebir el oficio, para comprender – con humildad - el objetivo de esta tarea que intenta multiplicar la voz limpia de una sociedad que continuamente grita.

Por eso he llegado al punto de estar en una profesión que no siento mía. La sociedad a la que pretendemos informar no nos eligió. Ejercemos un servicio con la única autoridad que nos da un contrato en una empresa de comunicación, quizás por eso la exposición del gremio sea mayor y la responsabilidad tácita pese en nuestros hombros, muchas veces con desconocimiento.

Ese hecho plantea un dilema cuando defender el oficio se trata. Pronto será impensable rasgarse las vestiduras para negar a otros la concesión de llamarse periodistas sin tener un título. Pronto, si el gremio no discute ni se cuestiona, seremos desplazados por locutores que tendrán mejor cualidad y representatividad en el acuario de nuestra audiencia.

No cabe duda que las circunstancias nos plantea una disyuntiva pragmática y estratégica sobre cómo defender el periodismo y a quienes pretendemos ejercer esta profesión. Hoy la revolución nos demanda “objetividad” (sabemos que detrás también persiguen callar las verdades incómodas) pero lo interesante de esa discusión promocionada por el Gobierno, es que ha calado en la audiencia con suficiente profundidad.

Plantear las fronteras de la objetividad no tiene sentido ya. Ese discurso y el querer colocarle nombre a la cualidad que debe prevalecer en los periodistas es una discusión estéril. Todos en el fondo sabemos que es el sentido de la justicia lo que nos mueve, la que mueve la aguja en el espacio y tratamiento que damos a cada acontecimiento.

Ese hecho no debe pasar desapercibido en ninguno de quienes pretendemos hacer periodismo. Hoy, cuando las patas que sostienen el periodismo están tan tambaleadas, son nuestros lectores los que se hacen preguntas que tienen poco espacio en las redacciones.

La “sociedad de la información” no es un mito, está creciendo al margen de las redacciones, con participaciones interesantes en cada rincón del ciberespacio de manera abrumadora. No nos sorprendamos, seremos prescindibles en poco tiempo si las redacciones continúan sin discusión, si no concedemos espacios para los defensores de los lectores, si no reconocemos nuestros errores antes de que otros los señalen.

Se acerca el día del periodista, nuevamente como desde hace unos años habrá poco que celebrar. ¿Desde hace cuánto tendríamos que habernos reservado la fiesta para la discusión?

Y sí, que me llamen intensa, pero en tiempos como estos no me consuela saber que prevaleceremos.

Tuesday, June 16, 2009





Este blog se está repensando...





Monday, May 25, 2009

Una palabra, lo dice todo

Wednesday, February 11, 2009

Faltan segundos

Tenemos el mismo frío en el estómago y la brisa corre como un río en el espacio que hemos dejado para dibujarnos con la boca. Esta vez no tenemos miedo, tenemos el descaro de escudarnos y romper con audacia la legislación de las parejas. Este espacio de hoy es ficticio. Falta poco para que coloques tu brazo sobre mi hombro y seas como una pesca con la presa en su haber. Esperamos con ansias ese momento en el que algunos de los dos decide quebrar el pacto, el tratado de paz que decidimos imponer para no sentenciar el pasado. Faltan segundos, pienso. Y me miras como ese capítulo del cíclope de Rayuela que tanto me gusta. Me hundo en tus ojos rojos que son como un mar de sangre, agotado de la espera y de la vida que te tocó tener. No contemplo otra cosa que tu objetivo dilatado y ese lenguaje cómplice que desarrollas con cada gesto. Faltan segundos, pienso. Los esfuerzos por eternizar el momento se cumplen con excelencia. Estamos uno al lado del otro, cómplices, escondidos entre un círculo de gente que lee la prensa, que ve marchas en la televisión, que escucha a Chávez en cadena nacional, que se comen las uñas, otras que se miran el esmalte y de repente nos miran con asombro cuando nos hacemos pareja.
Te ríes de mis teorías de explotación sobrehumana en ese lugar, de las injusticias que se hacen evidentes en ese espejo y tanto me molestan. Me miras con gracia y atención. Disfruto en demasía esa admiración y respeto que tienes con cada histeria que desarrollo. Hablamos de tu vida que es monótona y tan comprometida como que tienes pareja y viven juntos. Converso sobre mis últimos fracasos amorosos que no tienen nada que ver con lo que demostraste ser. Sobre fulano que no sirve, sobre sutano que no resultó ser. Al final, cuando desahogamos algunos triunfos y derroteros nos miramos nuevamente. Quedamos como siempre hipnotizados. Dispuestos a no ceder a la vida regalamos apenas un instante. Siempre serás tú, dices en voz baja.
Intento retomar ese discurso de conversar del pasado, de evaluar qué fue lo que pasó. Es mi estrategia para rehacer los argumentos y hacerte entender que ya entendí. No hay esfuerzo, asumes con total naturalidad que este es el rumbo que nos tocó tomar.
Seguimos sentados en ese círculo de gente que vive abstraída en su realidad. El sol se opone, es una tarde hermosa, si acaso de las pocas que me toca ver. Unos niños siguen limpiando con particular afán el vidrio del carro y yo quiero tocarte, pero no me atrevo.
De pronto vuelve a correr la brisa en el espacio que hemos dispuesto para el respeto, ese espacio quebrantable que hemos dejado para el final. Faltan segundos, pienso. Luego, como si estuviese cubierta de caramelo, besas mi mejilla, te acercas con ternura – como recogiendo un néctar con tus labios – hacia mi boca. Nos besamos. Viene un beso y otro beso, otro beso y otro que no podemos parar. Estamos complacidos y felices. Escondidos como siempre, como si acaso ese sea la característica absurda de mucho tiempo, cuando impuse ese método y luego no pudimos revertirlo. Somos así, subterráneos sin sentido, entregados sin reparo al misterio y lo prohibido. Faltan segundos, pienso. Nos iremos de nuevo hacia otras puertas que nunca nos llevan al mismo cuarto.

Tuesday, December 30, 2008

Recordar

Recordar que sobre este perfil marchan muchas sombras es un ejercicio de reordenamiento, una cuota de paz para los discursos que no se dieron en el silencio, silencios a los que nos se les ha dado el chance para aparcar. Amarrar este perfil a otro período es arar la tierra de nuevo, ser más perceptivo a las caras en el espejo retrovisor. Desamarrar de una buena vez las esperanzas ancladas en terrenos que no pertenecen, soltar las amarras en todos los sentidos para creer que hay otro espacio para beber té, para aprender a tomar café, para viajar desde esta senda hacia otras donde el oficio pese más que el mismo amor. Y permanece todo en la memoria como las mismas rocas del Roraima, como si bajar ese tepuy fuese el propio 2008 revolcándose en nuestros ojos. Reducidos a lo más mínimo en las manos de un camino, en los ojos de un anciano en la emergencia de Guaiparo, en el adiós tácito de la abuela, en la cima del Roraima, en la mirada complaciente de los obreros en un portón, en el cansancio de unas elecciones, en las discusiones, debajo de la almohada de alguien a quien nunca nos decidimos a tener, en las miles de sospechas de que por allí no era pero que por allí nos fuimos, en las maternidades que no se dieron y en las tantas situaciones que nos hicieron caminar por las veredas jurando que no volvería a ocurrir. Para cerrar no queda más que un baño en onoto, para repintar los vacíos y conjurar este presente.

Thursday, December 11, 2008

1,2,3

Cada hebra cubre con delicadeza centímetro a centímetro de su espalda, como una cobija café decorando una cama sin estrenar. De pronto no existe otra cosa que esa cobija cabellera adornando el marco de su rostro, tatuando su espalda, vistiendo sus hombros, está de frente a Rafael esperando lo propio. Coquetea con las caderas, con los gestos de sus labios, con el contoneo de sus pupilas vigilando de derecha a izquierda y viceversa. Es coqueta. Más que coqueta necesita de Rafa. No es suficiente el juego de caderas con la mirada. A Clarissa no le queda otra que flexionar su tronco, tocar con sus manos los dedos de sus pies, levantar la mirada y sonreír. Sí, sonreír descaradamente, con el cinismo propio de las perras en celo. Rafael no se inmuta. No le importa, este día es un paréntesis en una oración subordinada. Un agregado de un agregado con escaso verbo. Entonces Clarissa quiebra el espacio vital, cae sobre Rafael y olvida la sintaxis de su cuerpo. Reordena sus deseos en la cúspide de Rafael y quiere, y ama, y llora, y odia, y lo deja, y lo utiliza como a cualquier capricho.

Tuesday, December 02, 2008

¿O cómo se escribe o cómo nace o cuándo se marcha un poema?

Alexis Romero

Siempre he creído y sentido, despierto o dormido, que desde niño le he preguntad a Dios cómo se hacen los ángeles, cómo se hacen los hombres; pero él, en silencio, sólo me ha mirado; y desde niño, me ha dicho que me marche. Así conocí el dolor. Así supe que el dolor era simplemente el silencio de Dios. Dios en silencio. Dios sin respuestas. Dios diciéndole a un niño que se marche. Una vez le oí decir que un poema era la transformación de un cadáver en una luz que espera. ¿Qué espera un poema? ¿Qué espera un cadáver? ¿Qué espera la luz? ¿Quién podrá responderme sin decirme que me marche? Hoy temo preguntarle, despierto o dormido, cómo se hace un dios, cómo se hace Dios.

(…) Y me dolía, me duele, creer y sentir que el poema nace cuando Dios no nos tiene una respuesta y nos convierte en cuerpos que siempre se marchan, cuerpos de eternas mudanzas. (…) ¿Cuándo un grupo de palabras, cercanas o distantes, deciden ser un poema? ¿Para qué le sirvo a las palabras? ¿Qué hago ante ellas, que no sea cerrarle la puerta para que nunca se marchen? Un poema se escribe cuando aprendemos a escuchar el secreto de un río, a veces seco, a veces húmedo, que marcha entre palabras. Y aquí, Dios dice: Yo soy el que nunca se marcha; yo soy quien llena de peces el río…

Esta es la función del poeta; mirar el verbo, tocar el verbo, ejecutar el verbo; para que el poema no quede callado, sino en silencio; para que el poema no se quede, sino que se marche como todos los ríos, hacia arriba: a la casa que habita el lector, el cuerpo que siempre se marcha.

¿Es el poema un grupo de palabras con poder de decisión o un grupo de sentidos que una vez se marcharon y hoy vuelven a encontrarse? No tengo la menor duda que nuestro trabajo es crear las posibilidades para el reencuentro de los sentidos perdidos. Y digo sentido, queriendo decir afectos iníciales, diálogos iníciales; queriendo decir Moisés hincado ante el rostro del sentido fundador.

(…) A Dios no le gusta fracasar, por ello guarda silencio; por ello no tiene respuestas. Fracasemos nosotros: prohibido guardar silencio, prohibido no tener respuestas. Intentemos responder la pregunta permanente y agónica del niño: ¿Cómo se escribe un poema, cómo nace un poema, cómo se marcha un poema? ¿Es aplicable la respuesta al cómo se hacen los ángeles y los hombres? Indudablemente, supongo; aunque tenga que marcharme y no encontrar los sentidos que me salvan del silencio mayor. Supongo.

Saturday, November 29, 2008



¿De qué somos capaces por soledad?



Monday, November 10, 2008

La casa de las ideas

Rotativa

Llegó la navidad

Correo del Caroní

Sunday, November 09, 2008


Clavel

Caracas Caracas...

Tercera persona

La primera vez que Lucía vio Marcos no pensó que meses después retozaría a su lado. Lo digo, porque a veces a uno le asalta esa convicción extraña de que hay una clase de destino que podemos moderar con maestría. Cuando decidió mandarle señales cortas, tampoco ella sabía qué pretendía porque le ardía considerablemente el corazón como para descifrar riendas sueltas, creía que entre más tiempo hablara era como si un chorro de alcohol cubriera ese órgano vital llamado corazón. Más adelante Lucía no conseguió pureza, de hecho, fue todo lo contrario. Un cúmulo de sabores que no había probado, unas caminatas con determinación hacia un cuarto desconocido, el sol pleno coqueteándolo a la flojera a ver si desistía de tomar de ese río, ese río que la trajo por más de un año a tantas cosas que hoy quisiera descifrar mejor. Y es como diría L, una sublimación terrible que encontró el mejor para satisfacerse.

Entonces conoció la arena entre los dedos, el sobresalto de las olas sobre su cabello, la algarabía bajo el techo de una carpa. Probó de la culpa, del feminismo, de la determinación, cuidó su sombra con egoísmo, sintió el miedo de atraer el futuro más temprano al presente, luego alegría por pensar en que el destino traería cosas nuevas – temerosas – pero hermosas. Se retorció en las sabanas de Marcos, saboreó con temor y luego con suma decisión el bronceado de sus poros. Disfrutó el regalo después de cada amor, el escucharle cantar al compás de esas cuerdas como si fuese una serenata que merecía desde hace mucho. Esa postura suya desnuda frente a las curvas de la guitarra. Puso su intimidad al servicio y le dio la única licencia, esa, la que concede una mujer a un hombre cuando se cree decidida.

Lucía vuelve a las líneas en un abrir y cerrar de ojos. Sabe que esto es un quejido a la territorialidad, un balazo al orgullo y una ruptura a esas ganas de poseer lo que no se decidió tener. Aprecia la nueva sonrisa de Marcos, el nuevo tono de su voz, el aire a futuro que respira sin ella, esas ganas de comenzar en otros terrenos que si darán frutos.

Saturday, November 08, 2008

Corre que corre

Foto: Luis Vallenilla
Represa Macagua, Ciudad Guayana, Venezuela.

La mudez se hará de concreto

Esta ventana tiene muchas luces, las mismas que de hace siete meses, las mismas luciérnagas que no titilan, que son un candelabro en donde la vela nunca se apaga. Por esta ventana aparecen otras luces, un montón de semáforos que siempre están en rojo para la noche, dentro de este cuadrado es excelso el silencio y la palabra es el único camino por el que se trazan caminos. No es que tenga un nuevo espacio, se trata del mismo con más luces tecnológicas, con más entradas espaciales pero con un escándalo que, de tantos muertos, termina por sellar el silencio. Cada vez más esta cavidad es una caja sellada, cada día me cuesta pronunciar palabra… no sea para sentir que ésta luz es la única que nunca se ha ido de la ventana. Me molestan los avisos, las otras lucecitas que aparecen pero que no impactan en el vidrio, me aturden estos sin sabores que pasan tanto tiempo haciendo morada en la lengua. El diario a diario es una realidad que comprendo demasiado o que de tanto no entender selló lo mismo, otro silencio. Dentro de esta boca hay un universo completo de frases que no se acomodan por lo absurdo o por lo flojo de soñar despierta, de ser otra pieza para este cuadro silente. Permanezco en este sigilo, más que en otros tiempos, y si sigo en este diario a diario la mudez se hará de concreto.

Wednesday, October 29, 2008

Parque


Lente: Clavel Rangel
Cruzan los rayitos

Sunday, October 26, 2008

Retrospectiva II

A Jorge le llovieron aplausos. Cuando dijo que quería irse le abrí la puerta con tres o cuatro cuchillos en los pulmones pero a sabiendas que era lo mejor. Lo mejor para el charco con calentador, excelente para los vacíos en los que permanecimos guarecidos demasiado tiempo. Se fue entonces sin titubear, sin darse ese giro propio de las películas rosas de las que me atraganto de vez en cuando, se largó sin esa escena que al menos hubiese sido perfecta para rememorarla y pensar que en realidad no quería irse. Pero se fue. Dos o tres conversaciones posteriores para salvar culpas, limpiar los prestigios … como dicen, pero nunca ese volver atrás que parece ser tan predecible de los romances veinteañeros. Se quedaron como 10 kilos de palabras guardadas de esas que uno vomita con cualquier llamada desesperada, Jorge las controló, yo las controlé y todo fue sano. Nada de recuerditos. Permaneció todo como un cuadro bien pintado, con sus oleos bien coloreados, un comienzo extraordinario para hacer más clásica la película. No era posible construir la historia porque pasar cinco años a páginas es decir mucho, un cuchillo perfecto para terminar de agujerear el diafragma. No era esa la muerte que aspiro, la vida pasa y pronto los pulmones se inflan tanto que los afilados disparan de nuevo. Luego aludí al cliché, y dije las mismas frases que dicen las mujeres que se creen mujeres dolidas y maltratadas por la vida (hey, sólo para cerrar ese capítulo de “¡¡Ya verás desgraciado!!”). Pero…cómo retorcer el cariño, es imposible.

Friday, October 24, 2008

Altamira

Contracción

Nuestras lenguas no son correctas, tardan mucho en fundirse, luego se deshacen. Hace tiempo que no nos vemos por temor a dejar nuestras penas sobre la mesa: no nos amamos. No es que yo tenga mucho que decir Julia, precisamente se trata de que sigo teniendo ese malestar, ese cáncer en la garganta que no tolera las quimioterapias de tu voz. Bastante que he sido un hombre comprensivo, un varón que ha sabido codearse entre tus faldas y que ha dicho que le encantas porque no se atreve a decir que te ama, para escuchar el canto profundo del silencio. Julia, sabes muy bien que nuestras lenguas son un pasadizo al paladar. Me pregunto, cuándo dejaremos de ser dos imanes que se ven siempre uno sobre otro. Disfruto tus piernas, el sabor de tus hombros, el bosque lluvioso de tus cabellos y sigo estando en el mismo portal, un centro sin norte. Me cansé de ser un pecado al que no se le quiere redimir.

Tuesday, September 16, 2008

Retrospectiva


Vamos por el camino adecuado, el único que hay. En el recorrido se abrieron tantas puertas y algunas, aunque cansamos de tocarlas, jamás se abrieron. No es el mismo soundtrack de antes, todo corre… avanza, aunque estemos estacionados frente a un espejo con un reflejo paralizado. Mutaron las corazas, asaltaron las dudas, esta senda pretende postergarse con otros rostros, no quiere seguir coqueteándole al retrovisor.

Friday, August 22, 2008

Suerte última


Alirio Ugarte Pelayo

Análisis del sueño - Alirio Ugarte Pelayo

El sueño
no tiene
tamaño.

El sueño
no tiene
tamaño
ni forma.

El sueño
no tiene
tamaño,
ni forma,
ni espacio.

El sueño es
la muerte.

El sueño es
la muerte
sin llanto.

El sueño es
la muerte
sin llanto
ni luto.

El sueño es
la muerte
sin llanto
ni luto
ni miedo.

El sueño es
silencio.

Sin llanto
- silencio -
sin luto
- silencio -
sin sombra
- silencio -
sin forma,
tamaño
o espacio.

El sueño es
silencio
de historia.
Silencio de
tierra
y de cielo.
Palabras
ya muertas
simulan
las huellas
del tiempo.

El tiempo
camina
callado y
tan presto
que nadie
lo mira
lo siento,
lo escucha
ni entiende.

El tiempo,
sin forma,
tamaño,
ni espacio.
El tiempo
sin horas,
con risas
de llanto.

Alirio Ugarte 1924 - 1966

Sunday, August 17, 2008

Volver



Foto Henry Ortega

Dios pone sus miguitas de pan en el camino y, entonces, de vez en vez salta uno que otro fruto exquisito en el tránsito y los sentimientos se bifurcan. A veces me salta una seguridad increíble en lo acertado de este sendero que pasea por caminos boscosos y áridos. De pronto, tengo dos y tres caminos para el servicio, el único llamado del que realmente estoy segura. Estar y no estar es un terreno peligroso, lo ha sido, más, cuando entre esas tempestades se muestran en seco las decisiones y ese verbo que tanto me inquieta como es: “optar”.
No sé si volveré a ver al señor Luis Quesada (el de la foto), probablemente quienes lo mantienen abandonado en la emergencia del Hospital Raúl Leoni de Guiparo, en San Félix (Edo. Bolívar), están esperando que muera para tener otra camilla libre, otro paciente que transite por ese pasillo oscuro que se ha convertido el pabellón a la muerte.
El señor Luis, no es él, son muchos… millones de historias que se repiten. ¡Bah! Que si el Gobierno hace o no hace algo, de verdad, en el momento que el señor Luis (sin conocerme) me dijo que le tomara la mano en un gesto de profundo dolor y soledad, me pregunté dónde he estado yo y los míos. Me preocupa la costumbre, ver miles de rostros como esos repitiéndose en una rutina de pauta. Me preocupa que como periodistas nos acostumbremos a la muerte y al sufrimiento del otro como un “caliche”, porque de ser así, probablemente sólo optar no sea suficiente.
Me toca agradecer el cuestionamiento, que siempre está presente, pero que justo ahora no es casual. No sé si sean las frases repetidas de siempre, el corazón chiquito o esas ganas inmensas que a veces crecen por volver a empezar. Mirarme en esos ojos vidriosos de Luis y proyectar algo con mayor sentido.

Los invito a darle la bienvenida a mi amigo y hermano Eder, se está estrenando justo aquí.

Monday, July 14, 2008

Tesis


Motivo de ausencia Nro ° 1

Saturday, May 24, 2008

Lo que no sirve pa' fuera

Museo de ciencia
Bellas Artes
Caracas 2008

Nuestra casa

Tenemos una casa de tela en el que los besos flotan como burbujas de jabón, este techo Ama de Casa dices que es mío y que los riachuelos de mi sexo los hiciste nacer tú. Hay luciérnagas con cuevas en tus ojos, prenden y se apagan con el ritmo del canto de los sapos. Vendí tres hectáreas de mi panza a tus manos, remodelamos tu espalda, pintamos mi cabello y se me antoja derrumbar las paredes de tu piel. Tenemos una casa que es muy cursi que se deshace en el tornado de nuestras vueltas, acariciamos el subi y baja de la pelvis cuando cantan los canarios de tu lengua, esta casa es una invasión de enredaderas, una temporada alta de verano, una caja fuerte para las caricias de terciopelo, un montón de barcos de papel undiéndose en la tina y un buzón de abrazos que siempre tienen respuesta. Nuestra casa es nuestra y no lo sabes.

Monday, May 12, 2008

Silban


Relleno sanitario de Cambalache, Ciudad Guayana.
2008
Relleno sanitario, escudo electoral, sembradío de promesas, culto a la obediencia, reciclaje de conciencias, sanitario de esperanzas, cobrador de impuesto. Relleno sanitario: hogar de sonrisas, futuro exiliado, tocador de sueños, creatividad de la patria, portavoz del desencuentro, la exclusión de la razón, la green peace colorida, el fracaso del sistema, la costumbre de la revolución.

Silban las mariposas

Los fantasmas del recreo tomaron la casa. Uno, dos, tres, seis habitaron la casa. De espanto en espanto se llenaron los cuartos, no hay precio, no hay llave, no hay programa. Cortázar regaló sus espantos para esta otra casa, musitadora de encuentros, estrecha en lamentos, exagerada en pasados, todo, todo con las puertas abiertas. El maltrato es otro réquiem para la paz de este año, quizás minada de algunas caras, algunos viejos coronando, el mismo retrato entre mis piernas. ¿Quién necesita un murmullo al oído? , si acá silban las mariposas y los gatos vuelan. Tengo la casa repleta de claveles, de flores que dice C son las que llevan los hombres cuando desean pretender. Todo esto ha sido un regalo tras regalo para no perdonarme el descuido y la invasión de ausencias. Dios me dijo en otra máscara que acabaría pérdida en la ruralidad de estos labios, en la pintura dibujando caminos para tapar las cicatrices, que tendría que desenredar el nudo que se fija en la profundidad de cada hebra. ¡Ay! Que amar sin amar sólo tiene perdón en los versos proclives. El terror de cada una de las puertas es un demonio escondido, con una lanza afilada, un objetivo claro. Tendré que acostumbrarme a los besos de sal, no importa, siguen silbando las mariposas.